miércoles, 29 de enero de 2020

AVENTURAS DEl CORAZÓN


                                                     LA LEYENDA DE TAJ MAHAL
Nos relata la historia de un príncipe llamado Sha Jahan conoció a Arjumand ,ella tenia 15 años la miro  en un bazar  ella era hija de un ministro de la Corte , se estaba probando un collar que era de diamantes , al príncipe le encanto su belleza y sin dudarlo lo compro para regalarsela, la joven se quedo impresionada , pero el principe tenia esposa que fue elegida por su padre , esperaron 5 años para volver a verse y casarse con una ceremonia grande el emperador eligió a la joven esposa como Elegida del Palacio, al año el príncipe fue coronado como rey, en una de sus campañas su esposa murió al dar a luz a su decimocuarta hija. El rey sintió que iba a morir no comia ni bebia , prohibió a todo el reino vestirse de colores,tocar música,usar joyas y perfumes ,hasta que se rian.
contrato 20.000 obrero para construir la tumba mas hermosa ,se encuentra en el estado d la India y el mausoleo se llama Taj Mahal , se demoraron 22 años la construcción con los mejores materiales ,no fue terminado completamente ya que el tercer hijo del emperador después de vencer a sus hermanos y ingresar al poder encarcelo a su padre en la fortaleza roja, quien murió en prisión después de años de enfermedad , en el lecho de muerte pidió que se colocara un espejo para ver la tumba e su esposa . esta historia a inmortalizado este monumento como el símbolo de amor eterno entre parejas enamoradas.
La obra monumental obra Taj Mahal
  • se encuentra en china 
  • duro casi 2 años de construcción
  • es en verdad un mausoleo
  • debe su nombre a la ultima hija del emperador
El nombre verdadero de la protagonista de esta historia de amor es : 

  1. Arjamud
  2. Shah Jahan
  3. Mahal
  4. Yamu
El mármol fino y blanco de las paredes del Taj Mahal se trajo de las canteras de:

  1. Jodhpur
  2. China
  3. Tibet
  4. Afganistán
Puede inferirse de la lectura que la razón por la cual la pareja debió esperar 5 años para casarse :

  1. ella era menor de edad 
  2. ella no era de la alta sociedad
  3. ella era hija de un ministro
  4. el estaba casado y debía esperar ese tiempo para contraer nuevamente matrimonio 
Los versos que se encuentran al inicio expresan de Shah Jahan

  1. al enterarse de la muerte de su esposa
  2. cuando paso 8 dias y 8 noches en su habitación luego de la muerte de su amada 
  3. cuando termino al obra y entero allí a su esposa
  4. cuando observa la maravillosa obra mientra estaba confinado en la celda del Fuerte Rojo 


TRISTÁN E ISOLDA 

esta  historia es de un amor verdadero , el joven rey Marcos veía como su territorio caía en manos de los enemigo el reino vecino Rivalen apoyo a Marcos y ganaron la victoria así que Rivalen dio la mano de su hermana  Blanca Flor y se casaron , pero en esta ocasión la guerra en la que murió Rivalen y Blanca Flor sufrio mucho que ocasiono su muerte en el momento de su parto así que llamo a su hijo Tristan , Tristan fue educado por Rohal y Governal que se lo llevaron para protegerlo y después devolver a su padre ,fue raptado por unos mercaderes y abandonado se salvo por sus conocimientos regreso a su tierra y su padre Marcos lo reconoció  su tierra estaba amenazada y exigían 300 doncellas y 300 niños por un impuesto ancestral.
Pero pronto un emisario del rey de Irlanda, Morold, llegó a la Corte del Rey Marco para cobrar sus exagerados impuestos. Tristán no pudo permitir tamaña injusticia por lo que lo retó a combate. Tristán terminó por acabarlo, pero recibió una herida del arma envenenada de su contrincante que sólo podía curar la hermana de Morold, Isolda.
Tristán partió así hacia Irlanda para ser curado por la princesa Isolda, pero no dio a conocer su nombre, sino que se hizo pasar por un simple juglar que tocaba muy bien el arpa. Isolda y su madre le curaron su herida de inmediato y Tristán pasó muchos días en la Corte con ellas. Isolda llegó a descubrir, durante estos días, la verdadera identidad de Tristán, el caballero que había dado muerte a su hermano. En un principio ella trató de matarlo mientras él dormía pero enseguida se arrepintió y lo perdonó.
Pero Marco, el Rey de Cornualles le había ordenado a Tristán que pidiera la mano de la princesa Isolda en su nombre y se convierta en la reina de Cornualles. De modo que, para sorpresa de todos, Tristán pidió la mano de Isolda .
La madre de Isolda, al ver infeliz a su hija, hizo una pócima de amor para que Isolda y Mark la tomaran antes de casarse y de este modo quedaran enamorados.
Pero durante el viaje en barco hacia la corte de Mark, Isolda y Tristán bebieron la pócima por equivocación y ellos fueron los que quedaron perdidamente enamorados. Sin embrago, decidieron separarse apenas llegaron a Cornualles.
Tristán realizó muchas proezas y hazañas en nombre de Isolda hasta que fue mortalmente herido. Pero no quiso recibir la ayuda de Isolda, porque sabía que esto despertaría las sospechas del rey Marco. Tristán fue informado de la existencia de otra curandera que vivía en Bretaña llamada también Isolda de las Blancas Manos . Hacia allí se dirigió e Isolda de Bretaña lo curó. Ella se enamoró de Tristán y el hermano de Isolda de las  Blancas manos  le propuso la mano de su hermana. Tristán pensó que casándose con ella lograría olvidar a Isolda de Cornualles pero no sucedió.Así vivió infeliz durante algún tiempo hasta que fue herido nuevamente. Pero Isolda de Bretaña no pudo sanar esa herida por lo que el fiel servidor de Tristán, Kurvenal, que aún permanecía con él, se embarcó a Cornualles diciéndole a Tristán que si volvía en un barco con velas blancas sería porque regresaría con Isolda, la esposa de Mark, de otra forma las velas sería negras como de costumbre.Luego de unos días la nave con velas blancas retornó, pero demasiado tarde, ya que Tristán murió en ese mismo instante. Otra versión dice que Isolda de Bretaña le informó a Tristán que las velas eran negras mientras que en realidad eran blancas. Tristán ya sin esperanzas abandonó sus ganas de vivir y murió desconociendo la verdad.
Cuando Isolda de Cornualles llegó y vio que Tristán había muerto exhaló su último suspiro y murió sobre el cadáver.
Los dos cuerpos fueron transportados a Cornualles, donde se enterraron por tumbas separadas, por orden del Rey Mark. Pero cuenta la leyenda que de la tumba del juglar nació una enredadera que, cruzando las paredes, descendía hasta la tumba de Isolda. La planta fue cortada dos veces por orden del Rey, pero insistía en crecer.
En versiones posteriores una rosa y una vid crecen de las respectivas tumbas y se entrelazan.


ESCALERA AL AMOR

esta historia de una joven pareja china que tuvieron un amor prohibido, se dice que un joven de 19 años se enamoro d una mujer de 29 años, todo el mundo critico su relación por la diferencia de edades y por que la mujer tenia hijos, en esa epoca era inmoral , la pareja decidió irse lejos vivieron en una cueva, en donde no existía electricidad  ni comida, se alimentaba de raíces y tenían una lampara de querosene , ella le pregintaba si estaba arrepentido al joven , el siempre le respondia de forma positiva , a los 50 años cavaba gradas para facilitar la bajada de su esposa , a los 70 años regreso cansado y en los brazos de su esposa murio quien no la soltaba a pesar de estar muerto , ella lloraba y le repetia que el le habia prometido nunca dejarla y abrazaba su ataud , unos caminantes descubrieron estas gradas y a la pareja y se volvio en una historia famosa de amor se convirtio en un museo y asi su amor perduro para siempre. En la actualidad es una gran atraccion turistica en el suroeste de China.



EL MARINERO DE AMSTERDAM 

El bergantín holandés Alkmaar regresaba de Java cargado de especias y otras mercancías preciosas.
 Hizo escala en Southampton, y a los marineros se les dio permiso para bajar a tierra.
 Uno de ellos, Hendrijk Wersteeg, llevaba un mono sobre el hombro derecho, un loro sobre el izquierdo y, en bandolera, un fardo de telas indias que tenía intención de vender en la ciudad, junto con los animales.
 Era a principios de primavera, y la noche caía todavía temprano. Hendrijk Wersteeg caminaba a paso ligero por las calles algo brumosas que la luz de gas apenas iluminaba. El marinero pensaba en su próximo regreso a Amsterdam, en su madre, a la que no había visto en tres años, en su prometida, que le esperaba en Monikedam. Sopesaba el dinero que conseguiría de los animales y de las telas y buscaba una tienda en donde vender tales mercancías exóticas.
 En Above Bar Street, un caballero vestido muy pulcramente le abordó, preguntándole si buscaba comprador para su loro:
 -Este pájaro -dijo- me vendría muy bien. Necesito a alguien que me hable sin que yo tenga que contestarle, pues vivo completamente solo.
 Como la mayoría de los marineros holandeses, Hendrijk Wersteeg hablaba inglés. Puso un precio que el desconocido aceptó.
 -Sígame -dijo este-. Vivo bastante lejos. Usted mismo colocará el loro en una jaula que hay en mi casa. Me mostrará también sus telas, y puede que haya entre ellas algunas que me gusten.
 Muy contento por el trato hecho, Hendrijk Wersteeg se fue con el gentleman, ante el cual, en la esperanza de poder vendérselo también, elogió al mono, que era, decía, de una raza bien rara, una de esas cuyos individuos mejor resisten el clima de Inglaterra y que más se encariñan con el dueño.
 Pero pronto Hendrijk Wersteeg dejó de hablar. Malgastaba en vano sus palabras, puesto que el desconocido no le respondía y ni siquiera parecía escucharle.
 Continuaron el camino en silencio, el uno al lado del otro. Solos, añorando sus bosques natales en los trópicos, el mono, asustado por la bruma, soltaba de vez en cuando un gritito parecido al vagido de un recién nacido y el loro batía las alas.
 Al cabo de una hora de marcha, el desconocido dijo bruscamente:
 -Nos acercamos a mi casa.
 Habían salido de la ciudad. El camino estaba bordeado de grandes parques cercados con verjas; de vez en cuando brillaban, a través de los árboles, las ventanas iluminadas de una casita de campo, y se oía a intervalos en la lejanía el grito siniestro de una sirena en el mar.
 El desconocido se paró ante una verja, sacó de su bolsillo un manojo de llaves y abrió la cancela, que volvió a cerrar una vez Hendrijk la hubo franqueado.
 El marinero estaba impresionado: apenas distinguía, al fondo de un jardín, una casa de bastante buena apariencia, pero cuyas persianas cerradas no dejaban pasar luz alguna.
El desconocido silencioso, la casa sin vida, todo le resultaba bastante lúgubre. Pero Hendrijk se acordó de que el desconocido vivía solo.
 “¡Es un excéntrico!” pensó, y como un marinero holandés no es lo suficientemente rico como para que se le engañe con el fin de desvalijarlo, se avergonzó de su instante de ansiedad.
 -Si tiene cerillas, ilumíneme -dijo el desconocido metiendo la llave en la cerradura de la puerta de la casa.
 El marinero obedeció y, una vez dentro de la casa, el desconocido trajo una lámpara que pronto iluminó un salón amueblado con buen gusto.
 Hendrijk Wersteeg estaba totalmente tranquilo. Alimentaba la esperanza de que su extraño compañero le comprara una buena parte de sus telas.
 El desconocido, que acababa de salir del salón, volvió con una jaula:
 -Meta aquí el loro -le dijo-. No lo pondré en una percha hasta que se haya domesticado y sepa decir lo que quiero que diga.
 Después, tras haber cerrado la jaula en la que, espantado, quedó el pájaro, le pidió al marinero que cogiera la lámpara y fuese a la habitación contigua, en donde se encontraba, según decía, una mesa cómoda para extender las telas.
 Hendrijk Wersteeg obedeció y fue a la alcoba que se le había indicado. De pronto, oyó que la puerta se cerraba tras él y que la llave giraba. Estaba prisionero.
Trastornado, dejó la lámpara sobre la mesa y quiso arrojarse contra la puerta para tirarla abajo. Pero una voz le detuvo:
 -¡Un paso más y es hombre muerto, marinero!
 Levantando la cabeza, Hendrijk vio por un tragaluz en el que antes no había reparado que el cañón de un revólver le apuntaba. Aterrorizado, se detuvo.
 No le era posible luchar: su navaja no iba a servirle en estas circunstancias; incluso un revólver le hubiera resultado inútil. El desconocido que lo tenía a su merced se escondía detrás de un muro, al lado del tragaluz desde el cual vigilaba al marinero, y por donde sólo pasaba la mano que esgrimía el revólver.
 -Escúcheme -le dijo el desconocido- y obedezca. El servicio obligado que usted me va a prestar será recompensado. Pero no tiene elección. Es necesario que me obedezca sin dudar o lo mataré como a un perro. Abra el cajón de la mesa… Hay dentro un revólver de seis tiros, cargado con cinco balas… Cójalo.
 El marinero holandés obedecía casi inconscientemente. El mono, subido a su hombro, gritaba de terror y temblaba. El desconocido continuó:
 -Hay una cortina al fondo de la habitación. Descórrala.
 Descorrida la cortina, Hendrijk vio un cuarto en el que, sobre una cama, atada de pies y manos y amordazada, una mujer le miraba con los ojos llenos de desesperación.
 -Desate las ataduras de esta mujer -dijo el desconocido- y quítele la mordaza.
 Ejecutada la orden, la mujer, muy joven y de una belleza admirable, se arrojó de rodillas ante el tragaluz, gritando:
 -¡Harry, es una estratagema infame! Me has atraído a esta casa para asesinarme. Has pretendido haberla alquilado para que pasáramos en ella los primeros días de nuestra reconciliación. Creía haberte convencido. ¡Pensaba que por fin estarías seguro de que yo no tuve nunca la culpa de nada! ¡Harry! ¡Harry! ¡Soy inocente!
 -No te creo -dijo secamente el desconocido.
 -¡Harry, soy inocente! -repitió la joven con voz estrangulada.
 -Ésas son tus últimas palabras, las grabaré cuidadosamente. Se me repetirán toda mi vida. 
Y la voz del desconocido tembló un poco, volviéndose rápidamente firme:
 -Como todavía te amo -añadió-, te mataría yo mismo, si te quisiera menos. Pero me sería imposible, porque te amo…
Ahora, marinero, si antes de que haya contado hasta diez no ha metido una bala en la cabeza de esta mujer, caerá muerto a sus pies. Uno, dos, tres…
 Y antes de que el desconocido hubiera contado cuatro, Hendrijk, enloquecido, disparó sobre la mujer, quien, todavía de rodillas, le miraba fijamente. Cayó de bruces contra el suelo. La bala le había entrado en la frente. De inmediato, un disparo surgido del tragaluz le vino a dar al marinero en la sien derecha. Se desplomó sobre la mesa, mientras que el mono, lanzando agudos chillidos de horror, se refugiaba en su blusón.
Al día siguiente, algunos transeúntes que habían oído gritos extraños procedentes de una casa de las afueras de Southampton, advirtieron a la policía, que llegó rápidamente para forzar las puertas.
 Encontraron los cadáveres de la joven dama y del marinero.
 El mono, saliendo violentamente del blusón de su dueño, le saltó a la nariz a uno de los policías. Asustó tanto a todos que, retrocediendo algunos pasos, acabaron por abatirlo a tiros antes de atreverse a acercarse de nuevo a él.
 La justicia informó. Parecía claro que el marinero había matado a la dama y que se había suicidado acto seguido. Sin embargo, las circunstancias del drama eran misteriosas. Los dos cadáveres fueron identificados sin problemas y todos se preguntaban cómo Lady Finngal, esposa de un par de Inglaterra, había sido encontrada sola, en una casa de campo solitaria, con un marinero llegado la víspera a Southampton.
 El propietario de la casa no pudo dar dato alguno que ayudara a la justicia a esclarecer los hechos. La casita había sido alquilada ocho días antes del drama a un tal Collins, de Manchester, que además continuaba en paradero desconocido. Este Collins usaba anteojos y tenía una larga barba roja que bien podría ser falsa.
 El lord llegó de Londres a toda prisa. Adoraba a su mujer y su dolor daba lástima a quien le veía. Como todo el mundo, no entendía nada de este asunto.
 Después de estos acontecimientos, se retiró del mundo. Vive en su casa de Kensington, sin otra compañía que la de un criado mudo y un loro que le repite sin cesar:
 - ¡Harry, soy inocente!


ALMAS HERMANAS 


Hace algunos años llamaban la atención en la poética ciudad de los Cármenes, dos preciosas jóvenes de 18 a 20 años, ambas hermosas como el sueño de un poeta, que se veían siempre unidas en todas partes.
Al ver el cariño con que se hablaban y las muestras de afecto que continuamente se prodigaban, cualquiera las hubiera tomado por hermanas a no ser por lo distinto de sus tipos.
María, así se llamaba la mas joven, era rubia de nacarada tez y ojos tan azules como el purísimo cielo que se descubre entre el follaje de los árboles de la Alhambra, y Dolores era morena de grandes ojos negros, profundos y soñadores; recordando con su tipo una de las odaliscas que en otro tiempo habitaron el soberbio palacio de Alahamar.
Tan distintos como sus tipos eran sus caracteres; María era seria, reflexiva, y poco dada a las expansiones del corazón y Dolores de carácter franco, alegre y comunicativo.
Sin embargo de esto las los jóvenes se amaban, no sabían prescindir la una de la otra y se las veía siempre con las manos enlazadas confiandose todos sus secretos y pensamientos; y es que sus almas a pesar de las diferentes maneras de presentarse al exterior, eran iguales en el fondo, sentían al unísono, se comprendían y se amaban y cuando dos almas se encuentran en el camino de la vida y están dotadas de un mismo grado de sensibilidad, cuando sienten piensan y quieren de un mismo modo; cuando uno mismo es su ideal, si llegan a comprenderse, se unen y su misión es eterna e indisoluble.
Si los cuerpos que les sirven de morada pertenecen a distinto sexo, entonces brota el amor, pero el amor verdadero, el que no tiene fin, el que llena de hechos heroicos las páginas de la Historia.
Si por el contrario pertenecen a un mismo sexo, entonces brota la amistad, bellísimo sentimiento que si es menos vehemente no es menos intensivo, y es más dulce, más poético, más consolador.
A veces pasan a nuestro lado las almas hermanas de la nuestra, y la variedad de sus manifestaciones hace que las comprendamos y que por falta de observación nos condenemos a pasar la vida sin la felicidad y el apoyo que encontrarían al unirse.
Otras veces padecemos la equivocación de adornar con las vestiduras que crea nuestra fantasía el tipo que nos parece más adecuado, y entonces el desengaño no tarda en llenarnos de desesperación y desconsuelo.
María y Dolores tenían la desgracia de ser demasiado soñadoras, todo lo que era grande, noble y bello las apasionaba y sublimaban los sentimientos de su corazón, de tal modo que no era posible que pudiesen realizarlos por ser demasiado espirituales para la mísera condición humana.
Así es que el amor innato en el corazón de todas las vírgenes, acariciaba el ideal de sus sueños sin encontrar el ser en quien se había de personificar para darles la dicha que merecían.
Una multitud de adoradores rodeaba a las dos niñas sin que ninguno pudiera interesarlas, hasta que al fin uno consiguió fijar la atención de ambas. Era un apuesto joven de 28 a 30 años, moreno, de frente despejada, ojos grandes y expresivos y facciones enérgicas y varoniles al par que simpáticas y dulces.
Rafael, que así se llamaba, sentía que su corazón fluctuaba entre las dos amigas; tan pronto le seducía el gracejo de Dolores, como le atraía la dulce sonrisa de María; sin embargo él se inclinaba más a esta última, cuyo carácter era una garantía de su formalidad, y cuya belleza le hablaba más al alma que a los sentidos; pero tímido como todo el que verdaderamente ama, Rafael no osaba acercarse a su amada y más bien pasaba el tiempo al lado de su amiguita a la que dejaba ver en sus ojos el fuego de la pasión que empezaba a formarse en su alma.
Por vez primera en su vida las dos amigas se guardaban un secreto sin darse cuenta de ello, de un modo instintivo, como si temieran profanar el amor que inundaba de luz sus almas por vez primera.
Mas entre ellas no podía ser muy duradero el silencio y una tarde que descansaban de su paseo en la poética rivera del cristalino Genil, en medio de un panorama que hace pensar en la poesía aun a los seres más prosaicos, viendo a un lado los hermosos paseos del Salón y la Bomba, sobre los que se destaca la subida a la Alhambra llena de blancas casitas rodeadas de flores; a otro lado la hermosa ciudad de Boabdil, en la orilla opuesta el Colegio de los Escolapios, la exuberante vega, y allá, a lo lejos sirviendo de marco a este cuadro la gigantesca Sierra Nevada que ostenta en el histórico pico de Muley Hacem su corona de eternas nieves.
Sabes María— dijo Dolores, cortando una rosa que había al alcance de su mano— que he tenido días de pena muy grandes y que he llegado a pensar que tendríamos que separarnos.
—¿Por qué niña?—contestó María con sorpresa.
— Creí que Rafael te amaba.
— Y eso ¿qué motivo era para que dejases de verme? ¿Crees que te iba yo a querer menos, celosía?
—No, perdóname; pero amo tanto a Rafael que no hubiese tenido fuerzas para verlo de otra aunque me fuese tan querida como tú, y eso me desesperaba, tenía que renunciar a las dos cosas que más amo en el mundo, él y tú; pero ya estoy tranquila, hace muchas noches viene a mi lado, me mira con pasión y parece que su corazón quiere revelarme un secreto que sus labios no se atreven a pronunciar. ¿Pero, qué tienes? ¿Estás mala? ¿Es que te has ofendido conmigo.
—No, Dolores, no, no tengo nada, un ligero mareo de mirar la corriente del río pero ya estoy bien.
—Pues mira tengo que darte la comisión de que lo animes para que se declare pronto, que yo lo oiga decir que me ama y que llegue el día que pueda vivir a su lado, compartir sus dichas y sus pesares para no separarme nunca de él y de ti. ¿Lo harás?
—Si Dolores mía, si—dijo la pobre niña con lágrimas en los ojos—yo haré lo que tú quieras, te lo juro; pero vámonos ahora, el frío me está haciendo daño.
—No te pongas mala por Dios, cuando estoy loca de felicidad al pensar que soy amada por Rafael como yo lo amo.


EN MEMORIA DE PAULINA 
.Se  trata de un hombre llamado , Don Adolfo,  ya cansado y levemente preocupado por Paulina se dio cuenta que siempre la había querido. Coincidían en muchas cosas y casi todas eran en común. No pasó mucho tiempo para que Don Adolfo entendiera que su felicidad había empezado, ya que esas preferencias lo identificaban con Paulina. La vida fue una dulce costumbre que los llevó a esperar su futuro matrimonio. Los padres de Paulina prometieron dar el consentimiento cuando Don Adolfo doctorara. Imaginaban un ordenado porvenir para trabajar, viajar y quererse. Hablando de su casamiento los inducia a tratarse como novios pero a todo esto Adolfo no se atrevía a decirle te quiero. A Paulina le encantaba que Don Adolfo recibiera invitados, escritores y noveles, ya que departía de sus ideas pero a este no le gustaban mucho la idea.



En la víspera, conoció a Julio Montero; lo había visitado por primera vez, este fue una excepción. Esa noche Paulina hablaba con Montero. Don Adolfo, por un momento, experimentó que los celos lo invadían pero al cabo de un rato, sintió que en la ternura de Paulina había un refugio inviolable, en donde estaban solos. Luis Alberto Morgan, el pianista que ponía música a la velada, noto la ansiedad de Don Adolfo, ya que Paulina estaba mostrándole la casa a Montero. En la noche Paulina dijo que se marchaba a su casa, Montero ofreció acompañarla y Don Adolfo también quiso acompañarla para no dejarla sola con aquel hombre. El hombre mayor pensó en la relación incipiente de los dos jóvenes. Durante una semana, Adolfo casi no vio a Paulina y solo hablaban por teléfono diariamente. Una tarde Paulina le prometió ir a verlo; le fue a confesar lo que el sabio viejo percibió: estaba enamorada de Montero. Adolfo eludió tercamente el recuerdo de la mujer. Se fue a Europa; pasó más de dos meses viajando por el Viejo Continente para tratar de olvidarla. Volvió a pensar en Paulina. Quería encontrarse y hablar con ella, pero quería eludir cualquier encuentro con Montero. Decidió que no pensaría sobre la conducta de Paulina y fue a buscar a Luis Alberto Morgan para pedirle que le contara lo que supiera de la vida de la misma durante su ausencia. Este le pregunto por Montero respondiendo Morgan que estaba preso ya que Montero supo que Paulina lo fue a visitar, se escondió detrás del jardín de la casa y viéndola salir le reclamó su atención en la calle, la subió a un automóvil de alquiler. Deambularon toda la noche por la Costanera y por los lagos y, a la madrugada, en un hotel la asesinó de un balazo. Don Adolfo regresó a casa. Recordó una frase que Paulina escribió hace años en un libro “Nuestras almas ya se reunieron”. Paulina lo había perdonado. Ese pobre amor no arrancó de la tumba a Paulina. No hubo fantasma. La imagen proyectada por Montero se había conducido de un modo que no era propio de Paulina. Este fue el convencimiento de que santiamén de la reunión de sus almas. Don Adolfo se inclinó a un ruego de Paulina que ella jamás le dirigió y que su rival Montero, había escuchado muchas veces.



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